No podía acabar de otra manera

Estaba todo preparado. Durante la semana se había trabajado concienzudamente para que el jueves estuviera todo listo. Las entradas se vendían a ritmo vertiginoso. La motivación de la gente crecía día a día. Entrenador y jugadores arengaban a la gente y confiaban plenamente en la victoria. Los medios estaban volcados. Los de siempre y, esta vez sí, los no habituales.

Y llegó el jueves. No había nada más. La gente iba al trabajo, pero estaba en La Fonteta. La gente iba a clase, pero estaba en la Fonteta. La gente iba a comprar el pan, pero pedía palomitas y perritos calientes de la Fonteta. El jueves todas las calles llevaban a la Fonteta.

Y en la Fonteta estuvimos. Los que estuvimos físicamente y los que estuvieron con la mente. No faltó nadie. En cualquier lugar del mundo que hubiera un valenciano, estaba la Fonteta.Y fiesta, gritos, aliento… Y empezó el partido… Y ya no recordamos mucho más… había un partido… ganamos… y que estábamos entre los 8 mejores equipos de Europa.

Y despertamos. Y no era un sueño.

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